Estamos pagando por nuestros pecados

Según los medios de comunicación, un alto porcentaje de los jóvenes que se auto inmolan proceden de barrios muy pobres, de familias desestructuras. Chavales sin amor, sin raíces, sin nada que perder, que ante promesas engañosas eligen una ”muerte digna”.

No es de extrañar que la falta de valores, del materialismo imparable, del gasto en armamento, de la gran diferencia entre capas sociales de la sociedad occidental, incite a la rabia y a la venganza a aquellos que no tienen nada.

El mismo desespero, la misma cólera o impotencia que sienten los familiares de los fallecidos en el atentado en París, es la que sienten los millones de refugiados que huyen por Europa despavoridos, dejando atrás sus hogares destruidos, en parte con la aquiescencia de nuestra sociedad.

Tampoco podemos ignorar la irrupción del ”hombre blanco civilizado”, que a través de violentas y cruentas conquistas ha aniquilado a lo largo de los siglos culturas ancestrales por todo continente, imponiendo su dogma y robando sus recursos.

Son demasiados crímenes los que hemos cometido y que ahora empezaremos a pagar.