Demasiado deprisa

Los que vivimos en el campo, de buena mañana miramos al cielo para que nos cuente el tiempo que nos espera. Pero el cielo de ahora ya no es el cielo de antes. Es un cielo triste, homogéneo, como un tapón, con unas nubes grises deshilachadas, omnipresentes en las puestas de sol de estos largos anticiclones. ¡Y no son cirros! Son acumulaciones de gases que nosotros mismos arrojamos a la atmósfera. Hace más de dos meses que no llueve y cuando llueva ya no será el agua deseada y fresca. Será una lluvia ácida que atravesará estas nubes, esta boina de contaminación que no solo afecta a las grandes ciudades, nos afecta a todos. Pero de estas nubes el “hombre del tiempo” no habla…IMG-20160207-WA0001.jpg

Estamos en febrero y los robles todavía no han deshojado. Un pescador gallego comentaba que el 40 por ciento del pescado que comemos está contaminado por el plástico, por partículas cancerígenas que nunca se disolverán en el mar. Un médico decía que en pocos años los casos de cáncer se multiplicaran por 20… y mejor no hablar de la situación política del planeta. Todo está cambiando demasiado rápido para pararlo. ¿Hay razón para ser optimista?