El despotismo, no ilustrado, de la administración

Hace años dejé la ciudad para instalarme en una finca de 9ha en estado de semi abandono. Me asocié a la Unió de Pagesos, planté unos mil pies entre frutales y olivos , instalé riego, he invertido en maquinaria, mano de obra, he sufrido las ultimas sequías, y este año -previo barbecho y asi obtener el certificado ecológico del CCPAE -Consell Català de Produccio Agrària Ecológica – he sembrado Kamut, variedad de trigo antigua con destino a un molino ecológico, siempre de buen grado y con la ilusión de disfrutar de la transformación de la finca y compartir el consumo con mi familia.

Por motivos paisajísticos y por hacer honor a la cultura mediterránea, en un campo delante de casa, planté ochocientas parras que tras dos años de cuidados han ido creciendo. ¡Grave error! Hace poco recibí un certificado de la administración en la que me obligaban a arrancarlas o de lo contrario pagar una multa anual de 6.000€. ¡Ochocientas parras! He sentido estupor y vergüenza. ¿Cómo puede un aficionado con 800 cepas perjudicar los intereses de las grandes compañías? ¡Hasta el placer de disfrutar de una barrica de vino nos quieren quitar!

De haber hecho caso a la administración ni Gaudí hubiera construido la Pedrera ni yo posiblemente el Tragaluz.

Pepe Cortés León

Carta publicada en La Vanguardia el día 12 de febrero de 2016